dimarts, 21 de gener de 2014

¿Qué falla en la educación?

Em sembla sublim aquest post del meu profe i mestre Lluís Inclán. 
¿Qué falla en la educación?
Tarea ardua es contestar a la pregunta planteada. Y, además de ardua, de múltiples respuestas porque no todo el mundo ve los problemas con los mismos ojos.
Por tanto, la opinión que voy a expresar, como toda opinión, es perfectamente discutible (y me agradaría que se discutiera).
Trataré de reflejar, de la forma más desapasionada posible, lo fundamental de cuanto he visto a lo largo de cuarenta años de docencia. Y hacer partícipe al posible lector de estas conclusiones, enumeradas en breves puntos.
1. Cuanto mejor (más competente, más vocacional, más entregado a su tarea...) es el profesor, mejores resultados obtienen los alumnos. Estos se dan cuenta perfectamente del profesor apasionado por su tarea, pero también del "profesor-mercenario". 
2. El profesor/a no debe ni puede sustituir al padre o a la madre. Pero sí ha de ser, en alguna medida, un referente para el alumno. Se educa más y mejor con la propia vida que con sermones.
3. El "café para todos" (enseñar lo mismo a todos, proponer las mismas metas, hablar al impersonal conjunto de los alumnos) nunca suele dar resultado. Cierto que es imposible atender individualmente a cada uno. Pero entre ambos extremos algo se puede hacer. Claro que se necesita tiempo, dedicación... y ganas.
4. Este aspecto que acabo de citar no es posible sin un conocimiento mínimo de los alumnos (de sus circunstancias ambientales, familiares, culturales, sociales...).
5. El intento de contentar a los alumnos (enseñanza blanda, lúdica, nada exigente...) solo sirve para evitar ciertos conflictos, y quizá para pasárselo bien, pero nunca para aprender en serio.
6. El profesor ha de estar al día en temas pedagógicos (prácticos, reales, no "de libro") y en aspectos de las nuevas tecnologías. Esto no es la panacea, pero sí constituyen poderosos aliados para mejorar las clases.
7. Puede parecer extraño, cursi y hasta un tanto friki, pero pienso que el profesor ha de transmitir un cordial afecto hacia sus alumnos. No solo debe estar ausente toda animadversión, sino el afán sincero de estimarlos como personas, aun conociendo sus muchos defectos. Si no, me parece imposible educar. Algo de eso intuyó Aristóteles al decir: educar la mente sin educar el corazón no es educación en  absoluto.
8. Por último, cabe tener en cuenta aquel proverbio africano: "para educar a un niño hace falta la tribu entera". Porque, comodijo José Antonio Marinasi no es con la colaboración de toda la sociedad, sólo vamos a parchear, no vamos a llegar al fondo. Es esencial que toda la sociedad vaya a una con la educación.

¡Casi nada!